EDAD ANTIGUA (Iglesia)

 1. LA IGLESIA DE JESUCRISTO

1.               La Iglesia Católica.

Jesucristo es el «Hijo de Dios hecho hombre, que nació de la Virgen María». Vino al mundo para redimirnos del pecado, librarnos de la muerte eterna y para que recibiéramos el ser hijos de Dios por adopción.

Según habían anunciado los patriarcas y profetas, Jesucristo fundó la Iglesia para que continuase en el mundo su misión redentora.

Esta Iglesia es la semilla del  «Reino de Dios» y «Reino de los Cielos» (repasa las parábolas del Reino). Para fundarla Jesucristo escogió doce Apóstoles, a quienes confió su divina doctrina; completó la Moral del Decálogo con el Sermón de la Montaña, e instituyó los siete Sacramentos y el Sacrificio de la Misa, que son los más excelentes medios de que pueden disponer los hombres para santificarse y alcanzar la Gloria.

Antes de su Ascensión a los Cielos envió a sus Apóstoles a predicar el Evangelio por todo el mundo, a bautizar a todas las gentes y a enseñar a todos los hombres para llevarlos a la Vida Eterna: «Id por todo el mundo; predicad el Evangelio a toda criatura; bautizadlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (San Marcos 16, 15 y San Mateo 28, 19).


Nombró a Pedro Pastor y Maestro Supremo de su Iglesia, a la que prometió su divina asistencia, diciendo a todos los Apóstoles: «Estad ciertos de que yo estaré con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos» (San Mateo 28, 20).

2. Presencia continua de Jesucristo en la Iglesia.- Jesús cumplió su palabra de estar con la Iglesia hasta el fin de los tiempos. En efecto: desde la fundación de la Iglesia, Jesús está presente en ella, dándole fuerzas para vencer los innumerables obstáculos que se opusieron a su pacifico desarrollo en el mundo, desde su aparición hasta nuestros días.

a) Por el Sacramento de la Eucaristía y el Sacrificio de la Misa, en el que Jesús es a la vez Sacerdote y Víctima.

b) Por la Gracia que comunica con los demás Sacramentos, de los que Él es Ministro Principal.

c) Por la Fe, la Esperanza y la Caridad, las tres virtudes teologales, que son como el alma de la Iglesia.


d) Por su Palabra, que se proclama en la Liturgia, se medita en la oración y se practica en la vida de los cristianos.

e) Por medio de la Jerarquía eclesiástica presidida por el Papa, que es Vicario de Jesucristo en la tierra.





Responde en tu cuaderno:

1.     ¿Cuándo y cómo fundó Jesucristo la Iglesia?

2.     ¿De qué cinco modos está Jesucristo en la Iglesia?

 EDAD ANTIGUA (Desde Pentecostés a las invasiones de los bárbaros)

2. LA IGLESIA DE JESUCRISTO ENTRE LOS JUDÍOS

1. El bautismo de los Apóstoles.- Jesús había prometido varias veces a los Apóstoles que les enviaría el Espíritu Santo.

En el Sermón de la Cena se lo dijo hasta tres veces (Lee los capítulos 14, 15 y 16 del Evangelio de San Juan): «Si no me fuese, el Espíritu no vendría a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré» (San Juan 16, 7). «Él dará testimonio de mí» (San Juan 15, 26).

Antes de subir Jesús a los Cielos mandó a los Apóstoles permanecer en Jerusalén esperando la venida del Espíritu Santo que los había de bautizar y confirmar con su divina virtud: «Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días» (Hechos 1, 5). «Recibiréis la virtud del Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda la Judea, en Samaria y hasta los extremos de la tierra» (Hechos, 1, 8).

2. La venida del Espíritu Santo: Pentecostés.- Al subir Jesucristo a los cielos quedaron reunidos en el Cenáculo, en espera del tantas veces prometido Espíritu Santo, los once Apóstoles, presididos por Pedro y acompañados de la Santísima Virgen y de las piadosas mujeres que acompañaron a Jesús durante su vida pública. También se hallaban allí reunidos otros discípulos y parientes de Jesús, con los cuales la naciente Iglesia sumaba ya en Jerusalén 120 miembros, según refiere San Lucas en los Hechos de los Apóstoles, cap. 1,15.

Pedro, que presidía aquella asamblea en calidad de Primer Papa, propuso elegir de entre los discípulos del Señor un sucesor de Judas en el apostolado. Se presentaron dos candidatos: José, por sobrenombre el Justo, y Matías. Después de orar en común pidiendo el favor de Dios, echaron suertes y le correspondió a Matías, el cual fue contado desde entonces en el número de los apóstoles.

Pasados diez días y coincidiendo con la fiesta de Pentecostés, «se produjo de repente un ruido del cielo, como el de un viento impetuoso, que invadió toda la casa en que residían. Aparecieron, como divididas, lenguas de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos, quedando todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en lenguas diversas, según que el Espíritu les daba» (Hechos 2, 1 a 4).

El don de lenguas fue un estupendo milagro de que se valió el Señor para instruir en las principales verdades cristianas a los judíos reunidos ante el Cenáculo.

3. Predicación y milagros de San Pedro.- San Pedro, pronunció un magnífico discurso o sermón, en el que demostró a los  numerosos judíos que acudieron al Cenáculo, que Jesús era el Mesías y verdadero Hijo de Dios, y que era necesario abrazar su doctrina para conseguir el perdón de los pecados y la salvación: «Haced penitencia y sea bautizado cada uno de vosotros» (Hechos 2, 38). En efecto: en aquel mismo día aceptaron la doctrina de Jesús y recibieron el bautismo unas tres mil personas.

El Señor aumentaba de día en día el número de los convertidos, realizando muchos y estupendos milagros por medio de los Apóstoles, como sucedió con el cojo de la Puerta Preciosa del templo, al que el Apóstol San Pedro curó milagrosamente de su cojera (Hechos 3, 1-8).

 


Aprovechando la admiración que en el pueblo produjo este milagro, Pedro volvió a pronunciar otro discurso, abundando en las razones del primero, siendo esta vez, cinco mil los que se convirtieron.

Otros muchos milagros obró el Apóstol San Pedro en favor de enfermos y endemoniados, llegando a tal extremo la fe que las gentes tenían en él, que «al verle pasar por las calles y plazas sacaban a sus enfermos en camillas, para que por lo menos la sombra de Pedro llegase a alguno de ellos; y todos eran curados» (Hechos 5, 15 a 16).

4. Progresos de la Iglesia en Jerusalén.- Ante la predicación y los milagros de los Apóstoles, y la vida santa de los primitivos cristianos, se obraban continuas y numerosas conversiones entre los judíos de Jerusalén y ciudades limítrofes, con lo que la primitiva Iglesia se iba extendiendo considerablemente.

Este progreso de la Iglesia movió al Sanedrín a poner en prisión a los Apóstoles y a ordenarles terminantemente que no predicaran la doctrina de Jesús. Pero los Apóstoles contestaron con valentía: «Hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres»; y siguieron predicando sin cesar.

5. Vida religiosa de los primeros cristianos.- La vida de los primeros cristianos era de unión, caridad y oración. El libro de los Hechos de los Apóstoles dice que «los creyentes vivían unidos entre sí, y nada tenían que no fuese común para todos ellos. Vendían sus posesiones y demás bienes y los repartían entre todos, según las necesidades de cada uno. Asistían asimismo, cada día, largos ratos al templo, unidos con el mismo espíritu, y repartiendo el pan por las casas, tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y haciéndose amar de todo el pueblo» (Hechos 2, 44 y 47).



Más adelante nos dice el mismo libro que «la muchedumbre de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma» (Hechos 4, 32).

6. Elección de los siete diáconos.- Crecía también el trabajo de los Apóstoles, por lo cual determinaron nombrar a siete diáconos que se encargaran de repartir las limosnas y realizar otros servicios caritativos para poder los Apóstoles dedicarse enteramente a la predicación y a la oración.


Presentados a los Apóstoles, éstos hicieron oración sobre ellos y les impusieron las manos, acto por el cual quedaron consagrados para el ministerio divino, encomendándoles a cada cual su misión respectiva. Todos ellos eran cultos, de buena fama y llenos del Espíritu Santo.

7. Martirio de San Esteban.- De los siete diáconos consagrados por los Apóstoles, el principal fue Esteban, hombre de vasta erudición, «lleno de fe y del Espíritu Santo» (Hechos 6, 5).

Con gran elocuencia predicaba a Jesucristo y convencía a sus enemigos, que apoyados en testimonios falsos le acusaron de blasfemia. ·Ante el Sanedrín acusa a sus jueces de haber dado muerte a Jesús. Llenos de cólera, le sacaron fuera de la ciudad y le apedrearon. Antes de expirar, puesto de rodillas, exclamó en alta voz: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado» (Hechos 7, 59); y diciendo esto descansó en el Señor. San Esteban fue el primer mártir o PROTOMÁRTIR del cristianismo. Murió perdonando a sus verdugos, como hizo Jesús.

Un joven llamado Saulo guardaba los vestidos de los que apedreaban al diácono Esteban. De este modo manifestaba su conformidad con la muerte del protomártir. Este joven fue después San Pablo, el Apóstol de los gentiles.

8. Persecución general.- Jesús había anunciado repetidas veces a sus discípulos que sufrirían persecuciones a causa de su nombre. En efecto, después de la muerte de San Esteban, se levantó una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén, siendo Saulo uno de los principales cabecillas. Iba de casa en casa buscando a los cristianos y denunciando a hombres y mujeres para que fueran encarcelados.

En vista de ello, casi todos los cristianos de Jerusalén se dispersaron, llevando noticias del Evangelio a otras ciudades cercanas de Judea y Samaria. Los Apóstoles no se movieron de Jerusalén por entonces.

9. Dispersión de los Apóstoles.- En el año 42, y después de unos años de relativa calma, decretó Herodes Agripa,  otra persecución más dura que la primera. En ella fue decapitado a golpe de espada Santiago el Mayor, hermano de San Juan, y puesto en prisión el Apóstol San Pedro.

Muerto Herodes dos años después, los Apóstoles, que habían permanecido hasta entonces en Palestina, se dispersaron, no sin divina inspiración, por diversas regiones y partes del mundo para predicar el Evangelio de Jesucristo.


Responde en tu cuaderno:

3.  Describe Pentecostés y di alguna consecuencia de ese día.

4.  ¿Cómo era la vida de los primeros cristianos?

5.  ¿Cuál fue la primera consecuencia de las persecuciones?

 3. LA IGLESIA DE JESUCRISTO ENTRE LOS PAGANOS


1. Los Apóstoles.- APÓSTOL significa lo mismo que «enviado». Los Apóstoles fueron doce hombres sencillos, escogidos por Jesús entre sus discípulos, para predicar su Evangelio por todo el mundo.

Sus nombres son: Simón Pedro y su hermano Andrés; Santiago el Mayor y Juan, hijos de Zebedeo; Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el Menor, Judas Tadeo, Simón Cananeo y Matías, elegido después en lugar del traidor Judas.

Los Papas son sucesores de San Pedro, y los Obispos lo son de los demás Apóstoles.

2. San Pedro: su personalidad.- Pedro, antes Simón, era natural de Betsaida, pequeña ciudad de Galilea, situada en las orillas del mar de Tiberíades. De oficio pescador, como su hermano Andrés, fue antes discípulo de Juan el Bautista. Habiéndole Jesús llamado al apostolado, le prometió el primado sobre toda la Iglesia; con aquellas palabras: «Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (S. Mateo 16, 18). Esta promesa la cumplió Jesús cuando se apareció en Galilea a los once, y dijo a Pedro: «Apacienta mis corderos; apacienta mis ovejas» (S. Juan 21, 15 a 17). Por esto San Pedro es siempre citado el primero entre los Apóstoles, y ejerce, después de la Ascensión de Jesús a los cielos, el cargo de Papa o Sumo Pontífice.



Sintió siempre un gran amor a su Maestro; pero su carácter era impetuoso y vehemente. Confesó antes que ningún Apóstol la  divinidad de Jesús; y aunque le negó tres veces en la Pasión, su arrepentimiento fue sincero y perfecto.

3. Bautismo del centurión Cornelio.- Hacia el año 39 se hallaba San Pedro en Jope, en casa de un tal Simón, de oficio curtidor de pieles. Allí tuvo una extraña visión, y recibió del Cielo la orden de ir a Cesarea, a casa de un centurión llamado Cornelio, hombre caritativo y piadoso, quien también había tenido una aparición de un ángel ordenándole ponerse en contacto con el Apóstol.

Una vez reunidos en casa de Cornelio, Pedro pronunció un discurso explicando las principales verdades cristianas al centurión y a todos los presentes, familiares e íntimos de Cornelio, que recibieron el Espíritu Santo y fueron bautizados.

De esta forma entró en la Iglesia el primer grupo de gentiles.

4. El Cristianismo en Roma.- Entre los tres mil judíos convertidos en Jerusalén por el primer sermón de San Pedro, el día de Pentecostés, había algunos venidos de Roma, que al volver a su patria constituyeron la primera comunidad cristiana.

A estos cristianos se unieron más tarde otros, que, huyendo de la persecución desencadenada contra la Iglesia de Jerusalén, no se sentían seguros en Palestina, y se dirigieron a la capital del Imperio, fijando su residencia en el barrio judío del Trastíber.

5. San Pedro, Obispo de Antioquía y de Roma.- Muchos de los cristianos huidos de Jerusalén se instalaron en Antioquía (Siria), formando una floreciente iglesia que gobernó el Apóstol San Pedro por espacio de tres años. Vuelto a Jerusalén el año 42, fue encarcelado por orden de Herodes Agripa; pero libertado milagrosamente por un ángel, se dirigió a Antioquía y después  a Roma y se puso al frente del grupo de judío-cristianos del Transtíber. En Roma desplegó una gran actividad.

En la llamada Catequesis Apostólica enseñó San Pedro de viva voz la doctrina y la vida de Jesús, que aprendió como testigo presencial durante los tres años que anduvo en compañía del Divino Maestro, haciendo muchas conversiones entre los judíos y los gentiles romanos. La predicación de San Pedro fue recogida y escrita por su discípulo Marcos, en el segundo Evangelio de los Sinópticos.

Según la tradición, permaneció por espacio de 25 años en Roma, de la que sólo salió para asistir al concilio que los Apóstoles celebraron en Jerusalén, hacia el año 50.


En Roma escribió dos Epístolas o Cartas, destinadas a las Iglesias del Asia Menor, fundadas y evangelizadas por San Pablo.

6. Martirio de San Pedro.- Jesús había profetizado que Pedro moriría crucificado, al decirle aquellas palabras: «Cuando seas viejo extenderás tus manos y te llevarán donde tú no quisieras ir. Esto lo dijo significando con qué muerte había de glorificar a Dios» (San Juan 21, 18 y 19).

En la persecución decretada por Nerón el año 64, Pedro fue detenido. Condenado a muerte, fue clavado en la cruz el año 67, y por expreso deseo suyo con la cabeza hacia abajo, para diferenciarse de Jesucristo, según afirman Tertuliano, Orígenes y San Jerónimo.

7. El Pontificado Romano.- La Iglesia fundada por Jesucristo es perpetua, y, por consiguiente, debía ser también perpetuo el cargo de Papa o Sumo Pontífice.

Al morir San Pedro le sucedieron en el Obispado de Roma y en la dignidad de Vicario de Cristo y Cabeza visible de toda la Iglesia otros Papas, que ejercieron como él sus funciones de Jefe y Pastor de todos los cristianos. Por eso el Obispo de Roma es a su vez Vicario de Jesucristo en la tierra, Pastor universal, Sumo Sacerdote y Pontífice, Maestro infalible de la verdad, como San Pedro, y con poderes de atar y desatar, es decir, de dar leyes y dispensar de ellas a todos los cristianos.

Esta autoridad del Obispo de Roma ha sido siempre reconocida por todos los fieles y todos los Obispos del mundo, que han considerado a la Iglesia de Roma como «Madre y Cabeza de todas las Iglesias», y a su Obispo, como Papa o «Romano Pontífice».

Los Papas son, por consiguiente, sucesores de San Pedro en el Primado sobre toda la Iglesia.

8. El cristianismo en España: Santiago el Mayor predica en España.- En España predicaron el Evangelio los Apóstoles Santiago el Mayor y San Pablo, y siete varones apostólicos, ordenados y enviados a nuestra patria por San Pedro y San Pablo.

Hacia el año 42, según una tradición, Santiago vino a España y predicó primero en Galicia, y disgustado por el poco fruto que allí conseguía, se dirigió después a tierras de Aragón. En Zaragoza recibió la visita de la Santísima Virgen María, que aún no había sido asunta a los cielos, y le animó en su predicación, dejándole el Pilar como prueba de amor a los españoles. En honor de la Virgen María se construyó un gran templo.

       CATEDRAL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA

9. Martirio de Santiago.- Vuelto Santiago a Palestina, fue muerto a golpe de espada por orden de Herodes Agripa. Algunos de sus discípulos trajeron su cuerpo a Galicia, dándole sepultura en Compostela. Tres de ellos siguieron predicando por aquellas tierras hasta su muerte, siendo enterrados junto al Apóstol, como atestigua una veneranda y arraigada tradición.

10. Santiago y Compostela.- Durante las invasiones de los bárbaros y de los árabes, se perdió el recuerdo de estos sucesos. Pero descubierto de modo providencial el sepulcro del Apóstol, Alfonso II el Casto mandó construir sobre él una pequeña iglesia, que fue destruida por Almanzor. Reconstruida luego y ampliada por los Obispos compostelanos, dio lugar a la actual Catedral, famosa en el mundo entero por su belleza arquitectónica y las innumerables peregrinaciones que de toda Europa la han visitado a través de todos los tiempos.


11. Los otros Apóstoles.-

SAN JUAN EVANGELISTA.- San Juan Evangelista era hermano de Santiago el Mayor. Con Pedro y Santiago asistió a la Transfiguración en el Tabor y a la oración y agonía del Huerto de Getsemaní. Presenció la crucifixión y Jesús le encomendó a su Santísima Madre, de la que cuidó con amor filial hasta su Asunción a los Cielos. Preso en Pérgamo, escribió el Apocalipsis, y vuelto a Éfeso, después de la muerte de Domiciano, el año 96, compuso el Cuarto Evangelio y tres Epístolas o Cartas, en que combate las nacientes herejías que negaban la divinidad de Jesucristo. Murió hacia el año 100, después de haber evangelizado diversas regiones del Asia Menor.


 SANTIAGO EL MENOR.- Fue Obispo de Jerusalén. SAN ANDRÉS., hermano de San Pedro, predicó el Evangelio en Asia Menor. SAN MATEO.- Es autor del primer Evangelio; predicó en Judea y después en Etiopía, donde sufrió glorioso martirio.SAN FELIPE.- Predicó en Frigia. SAN BART0L0MÉ.- Evangelizó Arabia. SANTO TOMÁS.- Predicó el Evangelio en Persia y otras regiones. SAN SIMÓN CANANEO evangelizó el Egipto y SAN JUDAS TADEO es autor de una de las Epístolas católicas y predicó en Mesopotamia. Reunidos ambos en Persia, sufrieron allí glorioso martirio.SAN MATÍAS.- Predicó en Etiopía, ignorándose los detalles de su muerte.


Responde en tu cuaderno:

6.  Di el nombre de los Apóstoles.

7.  ¿Cómo creció el cristianismo en Roma?

8.  Escribe la biografía de S. Juan Evangelista.

4. SAN PABLO, EL APÓSTOL DE LOS GENTILES


1. San Pablo: su carácter y personalidad.- Pablo, antes Saulo, nació en Tarso, ciudad de la Cilicia, hacia el año 8 de la Era cristiana. Fue educado con esmero en las letras y cultura helénica o griega, que después completó en Jerusalén, aprendiendo en la escuela del eminente rabino o doctor de la ley, Gamaliel, la interpretación de las Sagradas Escrituras, según él mismo nos dice.

Dotado de una gran inteligencia y de una indomable voluntad, profesó el judaísmo apasionadamente, llegando a concebir un odio tan feroz contra los cristianos y su religión, que lo llevó al extremo de perseguirlos casa por casa, asistiendo también a la lapidación del protomártir San Esteban.

Una vez convertido al Cristianismo, trabajó incansablemente en la difusión del mismo, predicando y escribiendo, recorriendo grandes distancias por mar y por tierra y sufriendo persecuciones y trabajos sin cuento por llevar el nombre de Cristo a los gentiles.

2. Conversión de San Pablo.-

Con cartas del Sumo Sacerdote de Jerusalén se dirigía Saulo a Damasco para detener a los cristianos, que ya constituían en aquella ciudad una importante comunidad, «Cuando de repente le cercó de resplandor una luz del cielo. Y cayendo en tierra oyó una voz que decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Y él respondió. “¿Quién eres tú, Señor?” Y el Señor le dijo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues: dura cosa es para ti el dar coces contra el aguijón”. Él, entonces, temblando y despavorido, dijo: “Señor, ¿qué quieres que haga?” Y el Señor le respondió: “Levántate y entra en la ciudad, donde se te dirá lo que debes hacer”. Los que venían acompañándole estaban asombrados oyendo, sí, sonido de voz, pero sin ver a nadie. Se levantó Saulo de la tierra, y aunque tenía abiertos los ojos, nada veía. Por lo cual, llevándole de la mano, le metieron en Damasco. Aquí se mantuvo tres días, privado de la vista y sin comer ni beber» (Hechos de los Apóstoles 9, 3 al 9).

El  sacerdote Ananías, lo bautizó, y recobrada la vista, se dirigió al desierto de Arabia, donde por espacio de tres años se preparó para el apostolado. Vuelto a Jerusalén fue presentado por San Bernabé a los cristianos, el año 40, y unos cinco años después era consagrado Obispo por el Príncipe de los Apóstoles, San Pedro.

3. Viajes apostólicos de San Pablo.- San Pablo realizó tres grandes viajes apostólicos: EL PRIMERO por la isla de Chipre y varias ciudades del Asia Menor, convirtiendo al gobernador romano Sergio Paulo, y predicando a los judíos y gentiles. Volvió a Jerusalén, donde hacia el año 50 se celebró el primer Concilio de la Iglesia, del que más abajo hablaremos.

EN EL SEGUNDO VIAJE llegó hasta Atenas, después entró en Corinto. De Corinto volvió a Jerusalén, y luego a Antioquía (año 53).

EL TERCER VIAJE consistió en una visita a las iglesias fundadas en Asia Menor, dirigiéndose después a Éfeso, donde se detuvo dos años y medio y consiguió numerosas conversiones. Visitó después las cristiandades de Corinto y Atenas, y volvió a Jerusalén en la primavera del año 58.



4. Las Cartas de San Pablo.- San Pablo escribió catorce Epístolas o Cartas, destinadas a consolidar la fe de los cristianos convertidos por él. Estas Cartas figuran en el Canon de los libros sagrados como divinamente inspiradas, y son las siguientes: una a los Romanos; dos a los de Corinto; una a los Gálatas o fieles de Galacia; otra a los de Éfeso o Efesios; otra a los Filipenses o cristianos de Filipo; otra a los Colosenses o fieles de Colosas; dos a los fieles de Tesalónica o tesalonicenses; dos a su discípulo Timoteo; una a Tito; otra a Filemón y la última a los Hebreos.

En todas ellas brillan su vastísima cultura y su gran amor a Jesucristo, junto con un celo ardiente por las almas, una inmensa caridad y una constante solicitud por las nuevas cristiandades.

5. Concilio de Jerusalén.- Hacia el año 50 se reunieron en Jerusalén el Príncipe de los Apóstoles, Pedro, y otros varios Apóstoles y discípulos de Jesús. A esta reunión acudió también San Pablo, acompañado de sus discípulos Bernabé y Tito.

En aquella asamblea, que se llamó el I CONCILIO DE LA IGLESIA, o CONCILIO DE JERUSALÉN, se acordó que los gentiles convertidos al Cristianismo no estaban obligados a observar la ley de Moisés, ni, por consiguiente, a circuncidarse; únicamente “Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de uniones ilegítimas. Haréis bien en apartaros de todo esto” (Hch 15, 28-29).

Los preceptos tercero y cuarto que eran un obsequio a la ley mosaica, quedaron anulados una vez que la Iglesia de la gentilidad se desprendió de la Sinagoga. Todos los cristianos quedaron libres de los preceptos ceremoniales y organizativos de la antigua Ley,  de la que siguen vigentes las profecías de Cristo y enseñanzas dogmáticas y morales.

6. San Pablo en Roma.- Después del tercer viaje apostólico, llegó Pablo a Jerusalén, llevando una importante limosna de los cristianos de Corinto para los de aquella capital.

Al enterarse los judíos convertidos al Cristianismo de la presencia de Pablo en Jerusalén, promovieron un tremendo alboroto contra él, porque predicaba la inutilidad de la ley de Moisés, y se dedicaba a evangelizar a los gentiles. Este alboroto motivó la detención de Pablo por el tribuno Lisias, que lo puso en prisión, trasladándolo después a la ciudad de Cesarea, para mejor defenderle del populacho, que pedía su muerte.

El gobernador de Cesarea, Festo, se disponía a juzgarle; pero viendo Pablo el peligro que esto significaba para él, alegó su condición de ciudadano romano, apelando al César para ser por él juzgado. En vista de ello, el gobernador Festo lo envió a Roma, adonde llegó en la primavera del 61, después de un largo viaje de seis meses, muy accidentado, durante el cual zozobró en las costas de Malta el barco que lo conducía, salvándose milagrosamente todos los pasajeros.

7. Primer cautiverio.- Una vez en Roma fue instalado en una casa de alquiler y vigilado por un soldado de vista, que lo acompañaba a todas partes. Recibía y hacía visitas, predicando con libertad el Evangelio, y se le permitía escribir cartas. De esta época son las Epístolas a Filemón, a los Colosenses, a los Efesios y a los Filipenses. Este cautiverio suave terminó el año 63, con la absolución y libertad del Apóstol.

8. San Pablo en España.- Esta libertad la aprovechó San Pablo para dirigirse a España, cumpliendo así una repetida promesa hecha en su Epístola a los Romanos. Predicó en Tarragona, cuya Iglesia fundó, y quizá en la Bética (Andalucía), según consta por testimonios de varios Santos Padres y escritores eclesiásticos. San Clemente Romano, a fines del siglo I, dice que San Pablo llegó «hasta los confines de Occidente», que es como se denominaba entonces a España.

9. Segundo cautiverio.- Terminada su estancia en España, San Pablo se dirigió a visitar las iglesias de Grecia y del Asia Menor. Habiendo estallado la persecución de Nerón (años 64 al 68), Pablo fue detenido de nuevo y conducido a Roma, hacia el año 66.

Esta prisión fue muy dura, según él mismo afirma en su segunda Epístola a su discípulo Timoteo: «Por la predicación del Evangelio padezco trabajos hasta ser encarcelado como malhechor» (2 Tim, 2, 9).

10. Muerte de San Pablo.- Una antiquísima y fidedigna tradición asegura que San Pablo murió en Roma, al final de la persecución de Nerón, en el año 67, y en el mismo día en que murió San Pedro.

San Pablo murió decapitado a golpe de espada en la Vía Ostiense, siendo sepultado cerca del lugar de su martirio, en el mismo sitio en que hoy se levanta la gran basílica romana de San Pablo Extramuros. La Iglesia celebra su fiesta el 29 de junio, junto con la de San Pedro, considerando a los dos Apóstoles como columnas y fundamentos de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

11. Destrucción de Jerusalén.- Los judíos, que no querían soportar el yugo extranjero, se sublevaron contra los romanos el año 66.

Derrotados en las ciudades, fueron por fin sitiados en Jerusalén por los ejércitos romanos, al mando del general Vespasiano, que fue elegido emperador durante el asedio. Las operaciones fueron continuadas por su hijo Tito, que estrechó el cerco de la ciudad, cortando la entrada de alimentos y las conducciones de agua.

Después de siete meses de terrible resistencia por parte de los judíos, entró Tito en Jerusalén, el año 70, destruyéndola por completo y haciendo numerosos prisioneros, que fueron llevados a Roma como botín de guerra.

El Templo ardió totalmente, por haber arrojado un soldado una tea encendida a su interior. Así se cumplió la profecía de Jesucristo sobre la destrucción de Jerusalén y su Templo, referida por San Mateo en el cap. 25 de su Evangelio.

Los cristianos; que conocían esta profecía, huyeron a la Decápolis al comenzar el asedio.

Debes saber que:

- Con la conquista de Masada el año 73, acabó la sublevación judía, y desde esa fecha se comenzó a reestructurar el judaísmo sin Templo sobre el movimiento fariseo, proceso que se culminó el año 100.

- Entre los años 132 a 135 se produjo la segunda sublevación judía contra los romanos, liderada por Simeón bar Kosiba, que era aclamado como Mesías. Muerto el adalid, el descalabro fue tal, que fue prohibido a todo judío acercarse a Jerusalén a una distancia en la que, ni siquiera de lejos, pudiera ser avistada; todo fue asolado y sus campos sembrados de sal (para hacerlos improductivos). Esto desembocó en la definitiva diáspora judía.

VIDAS DE SANTOS: S. PABLO

5. LAS PERSECUCIONES CONTRA LA IGLESIA

1. Las persecuciones.- El primer gran obstáculo que se opuso al desarrollo del Cristianismo en el mundo fueron las persecuciones, que por espacio de casi tres siglos ensangrentaron el Imperio Romano.

Jesucristo las había anunciado cuando dijo a los Apóstoles: «Si me persiguieron a mí, también a vosotros os perseguirán» (San Juan 15, 20). «Va a venir un tiempo en que quien os matare se persuada hacer un obsequio a Dios» (San Juan 16, 2); «pero tened confianza: Yo he vencido al mundo» (San Juan 16, 33).

La Iglesia superó esta tan terrible prueba de las persecuciones gracias a la fortaleza que Jesucristo concedió a los Mártires, que dieron su vida por la Religión Cristiana.

2. Carácter y causas de las persecuciones.- Las persecuciones tuvieron aspectos muy variados, pues los perseguidores no se limitaban a atormentar o quitar la vida a los cristianos, sino que les hacían apostatar, los privaban de sus bienes y derechos civiles, destruían los libros y objetos sagrados e impedían su comunicación con los sacerdotes y obispos.

Se emplearon contra los cristianos los más diversos y horribles instrumentos de martirio: la pez y el aceite hirviendo, la hoguera, las fieras del circo, la crucifixión, etc.


No sólo se perseguía a los varones, sino también a las mujeres y a los niños.

Las CAUSAS de las persecuciones fueron también muchas: el odio de los judíos, de los gentiles, de los filósofos y poderosos del mundo pagano a la nueva Religión; pero, sobre todo, el que los cristianos negaban el culto al emperador, cosa que los hacía odiosos e impopulares.

A las persecuciones se les dio carácter legal, por cuanto se acusaba a los cristianos de hechicería y sacrilegio, por no querer ofrecer sacrificios a los dioses del Imperio. También se les acusaba de reunirse ocultamente para conspirar contra el Estado y el Emperador.

3. Principales persecuciones.- Aunque se enumeran diez persecuciones generales decretadas por los emperadores romanos, hubo muchas otras de tipo regional, organizadas o consentidas por los gobernadores de las provincias, y aun por el mismo populacho.

Los principales edictos de persecución fueron dados por Nerón, Domiciano, Trajano, Decio, Valeriano y Diocleciano.

La primera, tuvo como pretexto el incendio de Roma por orden de NERÓN n el verano del 64.

La última y más dura, la ordenó el emperador DIOCLECIANO publicó cuatro decretos de persecución, entre los años 303 al 304. Hubo incontables mártires. En España fue extraordinariamente dura la persecución, por el odio que el cruel Daciano, gobernador de la provincia tarraconense, profesaba a los cristianos.

4. Las Catacumbas.- Durante las persecuciones adquirieron mucha importancia las Catacumbas. Eran  éstas, en su origen, cementerios subterráneos, debidos a la caridad de las familias nobles romanas, que donaban sus propiedades a los cristianos para que fuesen enterrados en ellas.

La longitud de las 60 galerías subterráneas que forman las Catacumbas es de unos 150 kilómetros, ya que rodean la ciudad de Roma. También las había en otras ciudades, como Alejandría, Nápoles, etc.

Estos corredores tenían de cuando en cuando unos ensanches, a manera de plazas, donde se reunían los cristianos para celebrar los aniversarios de los mártires y otras solemnidades litúrgicas. Las más notables catacumbas de Roma son las de San Calixto, Papa, y las de Santa Priscila.

En los sepulcros y capillas de las Catacumbas pueden hallarse las primeras manifestaciones del arte cristiano, consistentes en pinturas y dibujos de Jesucristo, de la Virgen María, de los Apóstoles y de los Mártires.




5. Los mártires españoles.- Siendo España una provincia importante del Imperio Romano, y estando tan arraigado en ella el Cristianismo, no es de extrañar que sus mártires fueran muchos y notables por su heroísmo y su fe.

En la persecución de Valeriano sufrieron martirio, además de San Lorenzo, ya citado, San Fructuoso, Obispo de Tarragona, con sus diáconos Augurio y Eulogio.

En la de Diocleciano, los Santos Emeterio y Celedonio, de Calahorra; en León, San Marcelo, el cual era centurión o capitán de una de las legiones allí establecidas; en Sevilla, Santas Justa y Rufina; en Zaragoza, Santa Engracia y los Innumerables Mártires; en Barcelona, Santa Eulalia; en Mérida, otra Santa Eulalia; y en Alcalá de Henares, los niños Justo y Pastor.

6. Fin de las persecuciones: el edicto de Milán.- El emperador Diocleciano dividió el inmenso Imperio Romano en dos partes: la oriental y la occidental. Él se quedó dueño del Oriente con el título de Augusto y asignó el Occidente a Maximiano, con el mismo título de Augusto.

Unos años después nombró a cada Augusto un auxiliar con derecho a sucesión, llamado César. El César del Oriente fue Galeno, y el de Occidente, Constancio Cloro.


Entre sus sucesores en Occidente, Constantino y Magencio se entabla una lucha, que termina con la victoria de Constantino en el Puente Milvio, cerca de Roma, donde tiene la visión de la Cruz coronada con la inscripción «In hoc vince» (con este signo vencerás). Así queda Constantino único dueño de todo el Occidente.

En enero o febrero del año 313 se reúnen Licinio y Constantino en Milán, donde publican un famoso edictopor el cual dejaban en libertad a todos los súbditos del Imperio para seguir la religión que quisieran.

Esto significaba que el Cristianismo podía ser practicado libremente en todo el Imperio Romano. ¡Una era de paz comenzaba en la Iglesia! Constantino devolvió a la Iglesia todos los edificios y bienes que injustamente se le habían arrebatado, y por su iniciativa y a sus expensas se construyeron espléndidos templos, tanto en Roma (San Pedro del Vaticano, San Pablo Extramuros y San Lorenzo), como en Constantinopla (Santa Sofía, etc.).


Con el edicto de Milán cesaron las persecuciones, que, si bien produjeron, incontables mártires, fueron un medio providencial de que el Señor se valió para difundir el Cristianismo: «Nos multiplicamos cuanto más somos torturados… La sangre de los cristianos es semilla de nuevos cristianos», decía Tertuliano, a fines del siglo II.

Debes saber que:

- Santa Elena, madre del emperador Constantino, fue la que encontró los restos de la cruz de Cristo y el letrero colocado sobre ella, del que, un fragmento, se conserva en la iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén de Roma.

Responde en tu cuaderno:

9.  ¿Cuáles fueron las causas de las persecuciones?

10.        Cita los emperadores de las principales persecuciones.

11.        Di cuatro características de las catacumbas.

12.        Fin de las persecuciones: el edicto de Milán.

                        

6. TRIUNFO DE LA IGLESIA SOBRE EL PAGANISMO

 1. Triunfo del Cristianismo.- Licinio no fue fiel al Pacto de Milán, puesto que desencadenó en Oriente una persecución contra los cristianos, persecución que duró diez años. Esto determinó que Constantino le declarase la guerravenciéndole en Adrianópolis, en 323. Desterrado Licinio a Tesalónica, y acusado de alta traición, fue decapitado por orden de Constantino, que quedó así como único Emperador romano, tanto de Oriente como de Occidente.

Una vez dueño de todo el Imperio, concedió innumerables privilegios a los cristianos y suprimió los emblemas paganos de los edificios, armas y monedas, sustituyéndolos por distintivos cristianos.

Encomendó la educación de sus hijos a maestros cristianos, y tomó como secretario a nuestro gran Osio, Obispo de Córdoba.

Cedió al Papa el Palacio de Letrán para su residencia, y aun le dejó la ciudad de Romaconstruyendo él otra en Bizancio, sobre el Bósforo, que se llamó Constantinopla (Ciudad de Constantino).

Al final de su vida recibió el Bautismo y murió cristiano.

Sus sucesores en el trono, a excepción de su sobrino Juliano el Apóstata, aumentaron su protección a la Iglesia, y en tiempo de Teodosio I aparece claramente el Cristianismo como la religión oficial del Estado.

El Cristianismo penetró en la vida toda, tanto del individuo como de la sociedad. El prestigio y la influencia del clero, sobre todo de los Obispos, fueron, enormes, reflejándose esto en multitud de privilegios.

Esta situación de favor permitió a la Iglesia su rápida y fácil expansión fuera de las fronteras del Imperio, como en Persia y Abisinia; influir beneficiosamente en las leyes y practicar la caridad con los pobres.

2. Rápida difusión del Cristianismo: carácter sobrenatural de la misma.- A fines del siglo I el Cristianismo había penetrado en todas las clases sociales del Imperio Romano: en el pueblo sencillo y entre los nobles, en la corte y en el ejército. En el siglo II tenemos pruebas de que existían cristiandades florecientes en Italia, las Galias (Francia), España, Alemania y el Norte de África, sobre todo en Egipto.

Tertuliano escribía por entonces: «Somos de ayer y hemos llenado todas vuestras instituciones: las ciudades, las islas, los castillos, el ejército, el palacio, el senado y el foro; sólo os hemos dejado los templos de los ídolos».


A la rápida difusión del Cristianismo contribuyó, en primer lugar, la asistencia especial del Señor, que realizaba milagros estupendos en favor de la nueva doctrina. También contribuyeron la elevada moral de los cristianos, su gran caridad, la supresión de la esclavitud y la consideración a la mujer y al pobre; pero, sobre todo, el ejemplo heroico de los incontables mártires llenó el mundo de cristianos.

Esta rápida difusión del Cristianismo, que tuvo que superar tantos obstáculos, no se explica sino por una providencial intervención de Dios.                                                                                                                                PRIMERAS COMUNIDADES EVANGELIZADAS

3. Vida religiosa y cultural en la Edad Antigua.- La vida religiosa en la Edad Antigua se desarrolló particularmente en el seno del hogar, hasta el final de las persecuciones. En los períodos de calma aparecían capillas o pequeñas iglesias, ordinariamente junto a las tumbas de los mártires. Después del Edicto de Milán se multiplicaron las iglesias por todas partes y se levantaron grandes y hermosas basílicas.

Los judíos convertidos al Cristianismo acudían al principio al Templo de Jerusalén, pero bien pronto abandonaron las prácticas de la religión mosaica y abrazaron las del culto cristiano.

Los cristianos se reunían con frecuencia para la fracción del pan o Misa primitiva, durante la cual oraban, comulgaban y daban limosnas abundantes para remediar las necesidades de sus hermanos de religión.

Se administraba el Bautismo por Trina Inmersióndespués de un período preparatorio llamado catecumenado, que duraba uno o dos años, según los casos.

La Penitencia se practicaba desde los tiempos apostólicos, imponiéndose graves penas en satisfacción de pecados capitales: apostasía, homicidio, etc.

La Confirmación y la Comunión se administraban inmediatamente después del Bautismocuando el que bautizaba era el Obispo.

La celebración del Matrimonio se rodeó desde el principio de gran solemnidad.

Entre las fiestas principales se cuentan ya, desde los tiempos apostólicos, el domingo, fiesta semanal; la Pascua de Resurrección y la de Pentecostés. En el siglo II se empezó a celebrar la Epifanía en Oriente, y pronto se extendió al Occidente.

La devoción a la Santísima Virgen y a los mártires, y los ayunos, eran también practicados desde los tiempos primitivos.

La cultura cristiana se manifestó en el Símbolo Apostólico o Credo, que se compuso para fijar la Fe en los principales misterios de nuestra religión. A fines del siglo I apareció la Didaché, un resumen de la doctrina de los Apóstoles en sus aspectos dogmático, moral y litúrgico.

Al terminar el siglo I corrían por las manos de los cristianos los libros sagrados del Nuevo Testamento, sobre todo los Santos Evangelios.

También aparecen en esta época libros apócrifos, como el Evangelio de la Infancia de Jesús, el Protoevangelio de Santiago y otros, rechazados inmediatamente por la Iglesia como falsos.

Como centros de cultura religiosa funcionaron la Escuela Catequística de Alejandría, donde enseñaron Panteno, Clemente de Alejandría y Orígenes, y la de Antioquía, donde lo hizo Luciano de Antioquía, su fundador.

4. Herejías y Concilios.- La herejía es la negación de una o varias verdades de la fe católica.

Concilios Ecuménicos son reuniones de todos los Obispos de la Iglesia, presididos por el Papa, o un Legado suyo, para tratar de cosas pertenecientes a la fe y a las costumbres.

Lograda la paz de la Iglesia con el edicto de Milán, otro obstáculo mayor se opuso a su desarrollo en el mundo: las herejías, las cuales no atacaban a las personas de los cristianos, sino a la esencia misma del Cristianismo, que es su doctrina dogmática y moral.

Pero así como las persecuciones multiplicaron el número de los cristianos, así también las herejías dieron ocasión a la Iglesia para fijar mejor sus dogmas, con lo cual la Doctrina Cristiana quedo más clara y definida.

Los Concilios Ecuménicos y los escritores eclesiásticos fueron los instrumentos de que se valió el Señor para conseguir tan altos fines, demostrando así su continua presencia y amoroso cuidado sobre su Iglesia.

5. Primeros Concilios Ecuménicos.- ARRIO, sacerdote de Alejandría, se atrevió a negar la divinidad del Verbo. Contra esta herejía se declararon varios Concilios regionales; pero donde fue solemnemente condenada fue en el CONCILIO DE NICEA, primero de los ecuménicos o universales, celebrado el año 325. Se redactó un Símbolo o fórmula de Fe, que es la que con algunos añadidos del Concilio de Constantinopla se reza en la Santa Misa.

MACEDONIO de Constantinopla negó la divinidad del Espíritu Santo, siendo condenada su herejía en el II CONCILIO ECUMÉNICO celebrado, en Constantinopla, el año 381.

NESTORIO, patriarca de Constantinopla, admitía dos personas en Cristo, y negaba que la Virgen María fuese Madre de DiosEstas dos herejías fueron condenadas en el CONCILIO DE ÉFESO, III ECUMÉNICO, celebrado el año 431, donde se definió que en Cristo hay una sola persona, la divina, y que la Virgen María es verdadera Madre de Dios, porque es Madre de Jesucristo, que es Dios y Hombre verdadero.

EUTIQUES, superior de un gran monasterio en Oriente, sostenía que en Cristo había una sola naturaleza. Esta herejía, llamada MONOFISISMO, fue condenada por el IV CONCILIO ECUMÉNICO, celebrado en Calcedonia en el año 451, donde se definió que en Cristo hay dos naturalezas, la divina y la humana.

También fueron importantes el II CONCILIO DE CONSTANTINOPLA, V ECUMÉNICO, y  el III CONCILIO DE CONSTANTINOPLA, VI ECUMÉNICO, el año 680, que definió que en Cristo hay dos voluntades, una divina y otra humana.

PELAGIO, monje de origen inglés, enseñó en Roma que no existía el pecado original, y que el hombre se puede salvar con solas sus fuerzas, sin necesidad de la gracia de Dios. Esta herejía fue condenada en varios Concilios provinciales, como los de Cartago y Mileve, y en el III ECUMÉNICO, celebrado en Éfeso, el año 431.

   


6. Vida social en la Edad Antigua.- La Iglesia trabajó sin descanso para suprimir los vicios que corroían el mundo pagano, cómo la soberbia y sensualidad, el lujo desmedido, las luchas del circo, etc.

Dignificó a la mujer, defendió la unidad e indisolubilidad del matrimonio, combatió el divorcio y protegió la vida de los niños.

Se esforzó por aliviar la situación de los esclavos, preparando el camino, poco a poco, hasta llegar a la total supresión de la esclavitud.

La caridad de la Iglesia creó centros de beneficencia, hospitales y asilos para los pobres, ancianos, huérfanos y enfermos.

La cultura y prestigio de los Papas, Obispos y Sacerdotes influyeron considerablemente en la legislación civil y en las costumbres, que se hicieron más suaves y humanas.

Responde en tu cuaderno:

13.        El triunfo del cristianismo.

14.        Describe la vida RELIGIOSA en la Edad Antigua.

15.        Descubre una consecuencia positiva de las herejías.

7. ESCRITORES ECLESIÁSTICOS Y SANTOS PADRES

1. Los escritores eclesiásticos.-

Los escritores eclesiásticos que estuvieron en contacto con los Apóstoles se llaman PADRES APOSTÓLICOS.

Los que con sus escritos intentaron defender el Cristianismo se llaman APOLOGISTAS.

Los que combatieron los errores anticristianos se llaman POLEMISTAS.

Y los que con su santidad y ciencia contribuyeron a mantener la pureza de la fe se llaman SANTOS PADRES.

2. Padres Apostólicos.-

SAN CLEMENTE ROMANO, cuarto Papa de la Iglesia. Fue colaborador de San Pablo.

SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA, tercer Obispo de esta ciudad después de San Pedro.

Ambos sufrieron martirio en la persecución de Trajano.

SAN POLICARPO, Obispo de Esmirna, fue discípulo del Apóstol San Juan. Murió mártir en tiempo de Antonino Pío.

3. Apologistas.- Los apologistas fueron varones cultos convertidos al Cristianismo en edad madura, que escribieron algunos tratados en defensa de la religión cristiana, atacada por escritores paganos.

Estos tratados se llaman Apologías.

Los principales apologistas fueron: SAN JUSTINO, de origen samaritano, muy versado en Filosofía.

ATENÁGORAS, ateniense, que compuso una brillante Apología en defensa de los cristianos, dirigida al citado Emperador, Marco Aurelio.

MINUCIO FÉLIX, que escribió en latín una preciosa Apología llamada Octavius, defendiendo a los cristianos y su fe en la vida futura.

4. Polemistas.- Los filósofos paganos organizaron varios sistemas filosóficos para destruir, o, por lo menos, desprestigiar, el Cristianismo.

Estos sistemas filosóficos, contrarios al Cristianismo, fueron: EL GNOSTICISMO, que mezclaba conceptos de la filosofía griega y oriental con ideas cristianas, y EL MANIQUEÍSMO (del persa Manes), que admitía dos dioses, uno del Bien y de la Luz, llamado Ormuz, y otro del Mal y de las Tinieblas, llamado Ahriman.

Ambos errores fueron combatidos y refutados por LOS POLEMISTAS, que eran filósofos cristianos de profundo saber y brillante palabra. Los principales polemistas fueron San Ireneo y Tertuliano.

SAN IRENEO, segundo Obispo de Lyon y discípulo de San Policarpo, escribió una obra famosa titulada Contra las herejías. Nacido en el Asia Menor, marchó a Roma y de allí a las Galias (Francia), donde sufrió martirio en la persecución de Septimio Severo (año 202).

TERTULIANO, africano, fecundo y fogoso escritor cristiano. Murió hacia el año 222.

5. Los Santos Padres.- Los SANTOS PADRES son escritores eclesiásticos, célebres por su antigüedad, santidad y ciencia, que contribuyeron con su doctrina y virtudes a mantener la pureza de la fe cristiana. Unos pertenecen a la iglesia griega u oriental, como San Atanasio, San Basilio, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo. Otros pertenecen a la Iglesia latina u occidental, y son San Ambrosio, San, Jerónimo, San Agustín y san Gregorio el Grande.

6. Santos Padres de la Iglesia Oriental.-

SAN ATANASIO, llamado «martillo de los herejes» por sus luchas contra el arrianismo, nació en Alejandría en 295 y murió en 373. Asistió al Concilio de Nicea, sufrió terribles persecuciones por parte de los arrianos y escribió innumerables tratados.

SAN BASILIO EL GRANDE, Obispo de Cesarea (329-379), atacó en sus escritos no sólo el arrianismo, sino la herejía de Macedonio y otras.

SAN GREGORIO NACIANCENO nació en la ciudad de Nacianzo en la Capadocia. Fue Patriarca de Constantinopla. Tomó parte en el Concilio de Constantinopla, segundo ecuménico, contra Macedonio.

SAN JUAN CRISÓSTOMO (347-407) o «boca de oro», por su excepcional y arrebatadora elocuencia, fue Patriarca de Constantinopla. Por sus famosos sermones contra los vicios de la corte fue desterrado a las heladas tierras situadas al norte del Ponto Euxino, donde murió.

 7. Padres de la Iglesia Latina u Occidental.- SAN AMBROSIO (340-397). Era gobernador de Milán y pagano todavía cuando de modo providencial fue elegido Obispo. Fue bautizado y consagrado en ocho días. Combatió el arrianismo y compuso numerosos tratados en defensa del dogma y la moral católicos.

SAN JERÓNIMO (342-420., En Roma fue consejero y secretario del Papa español San Dámaso. Vuelto al Oriente, pasó el resto de su vida en un monasterio fundado por él en Belén. Su obra principal es la traducción de la Biblia del hebreo al latín, llamada la «Vulgata».

SAN AGUSTÍN (354-430), nació en Tagaste (África). Su juventud fue muy borrascosa, a causa de su carácter apasionado y del ambiente en que se desenvolvió. Profesó la herejía maniquea, que después combatió con vehemencia. Convertido al Cristianismo por las oraciones de su madre, Santa Mónica, y la elocuencia de San Ambrosio, recibió de manos de éste el bautismo. Ordenado sacerdote y consagrado Obispo de Hipona, murió en esta ciudad mientras era sitiada por los vándalos en 430. Entre sus incontables obras destacan las Confesiones, historia de su vida, y la Ciudad de Dios.

SAN GREGORIO I, EL GRANDE (540-604). Su actividad incansable consiguió evangelizar y organizar los nuevos estados, surgidos con motivo de las invasiones de los bárbaros. A él se deben la conversión de Inglaterra. Como escritor, es universal, abarcando sus obras el Dogma, la Moral, la Sagrada Escritura y la Liturgia. A él se debe el canto litúrgico llamado Gregoriano.


También es destacable el Papa SAN LEÓN MAGNO que, con sola su presencia,  detuvo a Atila, rey de los Hunos, y del que se conservan muchas homilías.

Responde en tu cuaderno:

16.        Los escritores eclesiásticos

17.        Cita un escritor eclesiástico de cada tipo y un Padre de la Iglesia Oriental y occidental.

8. VIDA ASCÉTICA y VIDA MONÁSTICA

1. La vida espiritual: ascetas y monjes. Tiene su fundamento en las palabras que Jesucristo dijo a un joven que quería ser perfecto: «Si quieres ser perfecto, ve y vende todas tus cosas y da su importe a los pobres, y ven y sígueme» (San Mateo 19, 21).

Obedeciendo esta invitación de Jesucristo, muchos cristianos fervorosos dejaron el mundo para consagrarse totalmente al servicio de Dios y al bien del prójimo. La Iglesia recibió así una gran ayuda, que le permitió influir de modo eficacísimo en el progreso material (agricultura, industria, etc.) y espiritual (ciencias, artes y letras, catequesis) de los pueblos recién convertidos al Cristianismo.

2. Los ascetas.- Antes de la primera manifestación de la vida monástica fueron muchos los ASCETAS, los cuales eran cristianos fervorosos que, sin dejar el mundo, continuaban con sus ocupaciones y trabajos habituales, practicaban la piedad y la caridad en el seno de sus familias, renunciando al matrimonio y haciendo penitencia.

3.  Fases de la vida monástica.- Las fases de la vida monástica fueron tres: la vida solitaria, el laurado y la vida cenobítica.


4. La vida eremítica o solitaria. Muchos primitivos cristianos abandonaron el mundo, dejando su familia y cediendo sus bienes a los pobres. Renunciando al matrimonio, se retiraron al desierto, donde vivieron en absoluta soledad, haciendo vida de castidad y penitencia. Estos cristianos se llamaron solitarios, anacoretas o ermitaños. El más típico representante fue San Pablo ermitaño.

5. Los anacoretas: el laurado.- Creció después el número de los ermitaños  y se formaron colonias o lauras. El principal promotor de este estilo de vida fue San Antonio Abad. Hijo de padres nobles, oyó cierto día en una Iglesia comentar las palabras del Evangelio: «Si quieres ser perfecto, ve y vende todo lo que tienes y da el importe a los pobres, y ven y sígueme».

Cumpliendo al pie de la letra estos consejos evangélicos, vendió su hacienda, distribuyó su importe entre los pobres y se retiró al desierto. Allí conoció a San Pablo, primer ermitaño, a cuyo cadáver dio sepultura. En torno suyo se reunieron numerosos ermitaños, fundando grupos, colonias o lauras, que constituyeron el término medio entre la vida solitaria y la cenobítica, puesto que vivían en cabañas individuales, pero se dirigían todos por el propio San Antonio.

6. La vida cenobítica.- La última fase de la vida monacal fue LA VIDA CENOBÍTICA, es decir, la vida en una residencia común llamada cenobio o monasterio, donde los monjes vivían bajo la dirección de un superior, llamado Abad,  y con sujeción a una regla o norma de vida.San Pacomio es el primer maestro de la vida cenobítica en el Oriente.Hijo de padres paganos; nació en la Tebaida, hacia el año 292, y fue soldado antes de convertirse al Cristianismo, que conoció hacia el año 313.

7. San Benito de Nursia.- La vida cenobítica apareció en Occidente un siglo después que en el Oriente, siendo introducida por San Jerónimo y San Agustín, que compusieron sabias reglas para el gobierno de las comunidades por ellos fundadas.

Pero el verdadero padre del monacato en Occidente fue San Benito de Nursia.

Nacido en 480 en Nursia,  Se retiró al monte Subiaco., Con algunos discípulos que quisieron seguirle se dirigió a Monte Cassino, entre Roma y Nápoles, fun

dando en su cumbre, en el año 529, el célebre monasterio que es considerado como la Casa Madre de la gran familia benedictina.

Poco antes de su muerte, ocurrida en 543, San Benito fundó la rama de mujeres, con un monasterio para la misma cerca de Monte Cassino, bajo la dirección de su propia hermana, Santa Escolástica.

8. Regla de San Benito.- Aunque a la muerte de San Benito su Orden estaba poco extendida, ésta se desarrolló de modo portentoso poco después, y ello fue debido a su célebre Regla, llamada «Regla de los Monjes».


En ella se determinan las ocupaciones del monje, que se condensan en la oración (rezo del oficio divino, meditación, etc.) y el trabajo (copiar códices antiguos, labrar la tierra y otros menesteres): «Ora et Labora», reza y trabaja.

 

La Regla fija la cantidad y calidad de las comidas del monje, las horas del descanso, del silencio, etc., todo ello con admirable acierto y conocimiento del alma, del religioso.

Por esta Regla se rigieron casi todas las Órdenes religiosas de la Edad Media, y aún hoy día se rigen por ella muchas de las existentes.

 Responde en tu cuaderno:

18.   ¿Qué son los ascetas?

19.   ¿Cuáles son las fases de la vida monástica?

20.   ¿Cuáles son las ocupaciones de los monjes, según la regla de S. Benito?

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